La batalla por el control energético

La batalla por el control energético

Aunque en Washington, Bruselas, Moscú y Beijing se urden grandes estrategias, las victorias se ganan sobre el terreno, utilizando todas las armas de la globalización: el dinero, los oleoductos y gaseoductos, la diáspora y medios de comunicación. [1]

Como ya comentamos en una entrada reciente [2], el mundo se acerca cada vez más a una crisis energética global. El fin de la era del petróleo marcará un cambio en la historia, pero para esto faltan aún varios decenios o incluso un siglo [3]. Mientras tanto, las esferas de poder mueven piezas para controlar los recursos naturales del mundo.

Se da la circunstancia de que muchos de estos recursos se hallan en lo que podríamos llamar “el segundo mundo”, los países que se encuentran anclados entre el primer y el tercer mundo como Ucrania, Venezuela, Kazajstán o Georgia.

Gracias a las grandes cantidades de reservas energéticas que poseen, estos países pretenden poco a poco pasar del segundo mundo al primero mundo Para llevar a cabo esta gesta necesitarán entablar alianzas con los máximos poderes actuales, cada movimiento será vital.

Por otro lado, las superpotencias mundiales ansían el acceso a estos recursos y por lo tanto usarán todos los medios disponibles para aumentar su influencia en el segundo mundo y atraer a los nuevos socios hacia sus esferas de poder.

Desde aquí iniciamos hoy una serie de entradas para analizar país por país el estado de la batalla por el control energético. Por supuesto, no somos expertos en cada país y estas entradas pretenden sólo dar unas pinceladas sobre el estado actual a fin de abrir el apetito del lector para que indague más en la busca de la verdad sobre el gran juego mundial.

Hoy empezamos con Ucrania

Ucrania

Rusia y la Unión Europea (UE) llevan años inmersos en una batalla diplomática por el control de la Europa del Este.

Hasta el momento la UE ha ido ganando todas las batallas con Rusia anexionándose algunas de las ex repúblicas soviéticas y otros países que antes orbitaban alrededor de la poderosa URSS. 

La siguiente pieza en el tablero es Ucrania, un país que vive completamente partido en dos: los europeístas y los pro Rusia. No hay que olvidar que en Ucrania, la mitad de los ciudadanos se comunican habitualmente en ruso [4], y la opinión política ha quedado dividida en dos desde la Revolución Naranja.

La gran importancia del control de Ucrania por parte de la UE reside, como todos sabéis, en eliminar cualquier intermediario entre Rusia y la UE. Si Ucrania finalmente se integra en la UE, la poderosa Gazprom perderá su poder de manipulación de precios sobre la UE. Rusia no puede realmente cerrar el grifo a la UE como lo hace con Ucrania y además necesita mantener unas buenas relaciones con Europa ya que es su principal comprador de recursos energéticos, lo que constituye el mayor flujo de dinero para el gobierno de Medvedev.

Ucrania es un país donde los políticos, los generales, los activistas y los empresarios juegan esta partida diplomática ininterrumpidamente. Es mucho lo que está en juego: contener a Rusia y expandir el imperio europeo hacia el Este. [1]

La Revolución Naranja

El caso más claro de lucha por el control ocurrió durante las elecciones de 2004, cuando las autoridades dieron como vencedor a Viktor Yanukovich, candidato respaldado por Putin, pese a que los sondeos a pie de urnas indicaban unos resultados claramente favorables al candidato europeísta Viktor Yushchenko.

Durante los días posteriores a los comicios, el pueblo se levantó bajo la bandera de la Revolución Naranja. 

En un principio ésta respondía a la colaboración entre grupos estudiantiles y facciones políticas de la oposición, pero más adelante se descubrió que la Revolución Naranja se fraguó y financió desde las altas esferas europeas y norteamericanas.

Los activistas del movimiento naranja recibieron financiación y entrenamiento en tácticas de organización política y resistencia pacífica de manos de una coalición de expertos occidentales financiados por gobiernos y agencias no gubernamentales de occidente.

Según el diario británico The Guardian, éstas incluyen el Departamento de Estado de EE UU, USAID, el National Democratic Institute for International Affairs, el International Republican Institute, el Club Bilderberg, la ONG Freedom House y el Open Society Institute & Soros Foundation Network. [5]

Rusia tampoco se quedó atrás en su intento de influir en el conflicto.

Más allá del aún no resuelto envenenamiento de Viktor Yushchenko hubo otras actividades que revelaban los intereses del gabinete ruso, como son las repetidas reuniones con Viktor Yanukovich, el hecho de que el gobierno ruso diera por buenos los primeros resultados de votación pese a los indicios de fraude electoral y también que los medios rusos dieran una mayor cobertura al candidato pro ruso.

Evaluación

Pese a la victoria europeísta que supuso la Revolución Naranja, ésta no ha provocado un gran cambio en la política y la economía del país. La corrupción continúa siendo la tónica en Ucrania y su presidente tiene actualmente una popularidad mínima.

Europa continúa deseando una mejora del país para que entre en la UE y lo cierto es que incluso los partidos pro rusos estarían encantados de entrar en la UE que ofrece un modelo económico muy atractivo.

Sin embargo, los requisitos que pide la UE son muy exigentes y el modelo político y económico ucraniano aún está, hoy por hoy, más cerca de Rusia que de Europa. Veremos cómo evoluciona la batalla.

Notas y referencias:

[1] El segundo mundo. Parag Khanna, 2008

[2] Hacia la sociedad de los 2000 vatios

[3] Una vez ocurra el Zénit del petroleo, aún quedaran reservas para al menos 70 años al ritmo actual de consumo.

[4] De acuerdo con los datos del estudio llevado por el Instituto Internacional Sociológico de Kiev, la lengua rusa la utiliza en casa entre el 43 y 46% de la población de Ucrania. Fuente: wikipedia

[5] Wikipedia: The orange revolution

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